El dictador amigo de los norteamericanos, Pervez Musharraf, se encuentra ante una situación de beligerancia ciudadana
Si los norteamericanos son tan
demócratas, no se entiende que
apoyen a Pervez Musharraf,
dictador de Pakistán, país que a
diferencia de Irak, sí tiene armas de
destrucción masiva, puesto que en
su arsenal de armamento, cuenta
con amas nucleares, las cuales
obviamente son muy mortíferas.
Es de imaginar que, este dictador,
como otros a lo largo de la historia,
podrá seguir actuando impunemente
mientras sea fiel a los
norteamericanos, que eso es lo único
que de verdad les importa, y no si
Pakistán está en manos de un
dictador. Lo cual demuestra que,
Sadam Husein no lo eliminaron hasta que dejó de ser útil a sus intereses, pero
como son tan cínicos, para deshacerse de él esgrimieron cínicamente todo
tipo de argumentos, al cual más falso. Así que el dictador de Pakistán que tenga
presente, como han acabado aquellos que han dejado de servir a los
norteamericanos.
El pasado 12 de mayo, el general golpista de Pakistán Pervez Musharraf sufrió la
mayor rebelión popular desde que hace ocho años ocupara la presidencia del país
mediante un alzamiento militar. La batalla que libraba el militar contra el que era el
primer juez del país, el presidente del Tribunal Supremo, Iftikhar Chaudhry, había
empezado hace meses de forma larvada. Pero en este día, los enfrentamientos entre
los partidarios del militar y los defensores del juez terminaron con al menos 34
muertos y 100 heridos en la ciudad portuaria de Karachi, la capital financiera del
país.
Musharraf llegó a convocar una reunión de urgencia con el primer ministro
paquistaní, Shaukat Aziz, en la que decidieron enviar a miles de paramilitares a
Karachi.
Uno de los abogados del juez indicó que Chaudhry acudía a un acto público que
se celebraba en su honor en los juzgados de la provincia de Sindh, cuando las
fuerzas del Gobierno indicaron a Chaudhry que debían trasladarle en
helicóptero. El juez se negó, alegó que iría por la carretera. Y entonces comenzaron
los disturbios entre miembros del opositor Partido Popular Paquistaní y del
oficialista Movimiento Mutahida Qaumi. Las autoridades provinciales habían
comunicado días antes al juez que podían producirse actos violentos y le
aconsejaron que pospusiera el viaje. Pero el magistrado acudió puntual a su cita.
Mientras unos y otros se mataban a tiros y prendían fuego a los vehículos, el juez
seguía sin moverse del aeropuerto. Después de más de ocho horas, los
mandatarios provinciales le ordenaron que regresara a Islamabad. Más tarde, en la
capital política del país, Musharraf reunía a decenas de miles de personas en una
manifestación de apoyo a él mismo.
El máximo tribunal de este país de 166 millones de habitantes tiene que
pronunciarse este año sobre si es constitucional que Musharraf, quien ocupa el
poder desde que perpetrase un golpe de Estado hace ocho años, ejerza de jefe del
Ejército y de presidente del país. Además, el Supremo ha de dirimir si el jefe de
Estado puede renovar su mandato como presidente.
En tal situación, el pasado 9 de marzo el general destituyó al juez por "mal uso de
su autoridad". Cinco días después, la batalla se trasladó a las calles de Islamabad,
la capital del país, cuando los partidarios del magistrado se manifestaron. Seis días
antes, el domingo pasado día 7, el enfrentamiento entre los dos poderes se trasladó
a Lahore, una de las mayores ciudades del país, con una gran manifestación de
partidarios del juez Chaudhry. Y ayer, la guerra entre el general y el juez se cobró
los primeros muertos en Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán (12 millones de
habitantes).
"La secuencia de hechos que han llevado hasta los enfrentamientos, desde las
declaraciones de las autoridades provinciales hasta el arresto de cientos de
activistas de la oposición en los últimos días, indica que el Gobierno ha buscado deliberadamente la violencia en Karachi", señaló el responsable en el sur de Asia
de la ONG Human Rights Watch, Alí Dayan Hasa.
La jornada de ayer había sido declarada festiva por las autoridades locales y el
único tráfico que se veía por las calles era el de los miles de paramilitares enviados
por Musharraf para patrullar las calles. Muchas carreteras, incluida la del
aeropuerto, aparecieron bloqueadas por la mañana con camiones, autobuses y
contenedores, en un intento aparente de impedir el acceso por carretera de
Chaudhry a Karachi. "Vivimos en un Estado que apoya el terrorismo. El Gobierno
de Sindh [provincia donde se encuentra Karachi] es responsable de todo esto,
pero no vamos a retroceder", indicó Sherry Rehman, portavoz del opositor Partido
del Pueblo Paquistaní.
La crisis coincide con los preparativos de Musharraf para disolver el Parlamento
antes de concluir el año y convocar unas elecciones generales con las que
asegurarse otro mandato. Todo apunta a que el pulso entre el Gobierno y el poder
judicial no terminó con la revuelta del pasado 12 de mayo y la treintena de muertos.
