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La Coctelera

PIENSO, LUEGO EXISTO

HIPOCRESÍA NO

20 Mayo 2007

El dictador amigo de los norteamericanos, Pervez Musharraf, se encuentra ante una situación de beligerancia ciudadana

Si los norteamericanos son tan

demócratas, no se entiende que

apoyen a Pervez Musharraf,

dictador de Pakistán, país que a

diferencia de Irak, sí tiene armas de

destrucción masiva, puesto que en

su arsenal de armamento, cuenta

con amas nucleares, las cuales

obviamente son muy mortíferas.

Es de imaginar que, este dictador,

como otros a lo largo de la historia,

podrá seguir actuando impunemente

mientras sea fiel a los

norteamericanos, que eso es lo único

que de verdad les importa, y no si

Pakistán está en manos de un

dictador. Lo cual demuestra que,

Sadam Husein no lo eliminaron hasta que dejó de ser útil a sus intereses, pero

como son tan cínicos, para deshacerse de él esgrimieron cínicamente todo

tipo de argumentos, al cual más falso. Así que el dictador de Pakistán que tenga

presente, como han acabado aquellos que han dejado de servir a los

norteamericanos.

El pasado 12 de mayo, el general golpista de Pakistán Pervez Musharraf sufrió la

mayor rebelión popular desde que hace ocho años ocupara la presidencia del país

mediante un alzamiento militar. La batalla que libraba el militar contra el que era el

primer juez del país, el presidente del Tribunal Supremo, Iftikhar Chaudhry, había

empezado hace meses de forma larvada. Pero en este día, los enfrentamientos entre

los partidarios del militar y los defensores del juez terminaron con al menos 34

muertos y 100 heridos en la ciudad portuaria de Karachi, la capital financiera del

país.

Musharraf llegó a convocar una reunión de urgencia con el primer ministro

paquistaní, Shaukat Aziz, en la que decidieron enviar a miles de paramilitares a

Karachi.

Uno de los abogados del juez indicó que Chaudhry acudía a un acto público que

se celebraba en su honor en los juzgados de la provincia de Sindh, cuando las

fuerzas del Gobierno indicaron a Chaudhry que debían trasladarle en

helicóptero. El juez se negó, alegó que iría por la carretera. Y entonces comenzaron

los disturbios entre miembros del opositor Partido Popular Paquistaní y del

oficialista Movimiento Mutahida Qaumi. Las autoridades provinciales habían

comunicado días antes al juez que podían producirse actos violentos y le

aconsejaron que pospusiera el viaje. Pero el magistrado acudió puntual a su cita.

Mientras unos y otros se mataban a tiros y prendían fuego a los vehículos, el juez

seguía sin moverse del aeropuerto. Después de más de ocho horas, los

mandatarios provinciales le ordenaron que regresara a Islamabad. Más tarde, en la

capital política del país, Musharraf reunía a decenas de miles de personas en una

manifestación de apoyo a él mismo.

El máximo tribunal de este país de 166 millones de habitantes tiene que

pronunciarse este año sobre si es constitucional que Musharraf, quien ocupa el

poder desde que perpetrase un golpe de Estado hace ocho años, ejerza de jefe del

Ejército y de presidente del país. Además, el Supremo ha de dirimir si el jefe de

Estado puede renovar su mandato como presidente.

En tal situación, el pasado 9 de marzo el general destituyó al juez por "mal uso de

su autoridad". Cinco días después, la batalla se trasladó a las calles de Islamabad,

la capital del país, cuando los partidarios del magistrado se manifestaron. Seis días

antes, el domingo pasado día 7, el enfrentamiento entre los dos poderes se trasladó

a Lahore, una de las mayores ciudades del país, con una gran manifestación de

partidarios del juez Chaudhry. Y ayer, la guerra entre el general y el juez se cobró

los primeros muertos en Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán (12 millones de

habitantes).

"La secuencia de hechos que han llevado hasta los enfrentamientos, desde las

declaraciones de las autoridades provinciales hasta el arresto de cientos de

activistas de la oposición en los últimos días, indica que el Gobierno ha buscado deliberadamente la violencia en Karachi", señaló el responsable en el sur de Asia

de la ONG Human Rights Watch, Alí Dayan Hasa.

La jornada de ayer había sido declarada festiva por las autoridades locales y el

único tráfico que se veía por las calles era el de los miles de paramilitares enviados

por Musharraf para patrullar las calles. Muchas carreteras, incluida la del

aeropuerto, aparecieron bloqueadas por la mañana con camiones, autobuses y

contenedores, en un intento aparente de impedir el acceso por carretera de

Chaudhry a Karachi. "Vivimos en un Estado que apoya el terrorismo. El Gobierno

de Sindh [provincia donde se encuentra Karachi] es responsable de todo esto,

pero no vamos a retroceder", indicó Sherry Rehman, portavoz del opositor Partido

del Pueblo Paquistaní.

La crisis coincide con los preparativos de Musharraf para disolver el Parlamento

antes de concluir el año y convocar unas elecciones generales con las que

asegurarse otro mandato. Todo apunta a que el pulso entre el Gobierno y el poder

judicial no terminó con la revuelta del pasado 12 de mayo y la treintena de muertos.

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